Uno de los amigos emigra. Dadas las circunstancias, decir que se tiene un amigo en Liverpool da una imagen glamurosa, de hombre de mundo. Se espera de nosotros que hagamos una fiesta. No sólo se espera por parte del que emigra, sino por el amigo alemán al que se lo cuento: El alemán me felicita la Navidad, el año, me pregunta cómo van las cosas aquí, pues según se vio en el telediario España ha salido de la crisis. Yo le digo que tengo un amigo que va a emigrar a Inglaterra. Él me dice que igual viene en julio con sus amigos, que tiene ganas de fiesta y que, para eso, como nosotros nadie.

el alemán, que sabe de las cifras del turismo en España y me felicita: “Es genial, beber dos copas en vez de una en España es como contribuir a la economía nacional”.

Llegamos al pub, le vamos a regalar un libro de frases españolas traducidas literalmente al inglés y un chorizo. Regalos un tanto gañanes pero cómicos, al fin y al cabo. Tenemos un patrón que seguir, desde luego es lo que se esperaría mi amigo el alemán, que sabe de las cifras del turismo en España y me felicita: “Es genial, beber dos copas en vez de una en España es como contribuir a la economía nacional”.

Como no podía ser de otra manera, aparece un grupo de chicos altos y rubios que contemplan el paisaje como un Dorado. Uno de ellos se anima: “pegdone, ehm, ¿Cuonto… coshta… un bebido?”, dice uno en el barra. “Cerveza 5 euros. Combinado 5 euros.” Se miran con asombro, lo comentan entre ellos poniendo cara de idiota. Uno se ofrece a pagar subiendo los hombros, como si fuera una estrella de Hollywood en un bar sucio. Todo el pub está pendiente de ellos, de su acento extranjero, de lo poco que les cuesta pagar, de lo altos que son y de lo majestuosos que resultan. Un hombre de mediana edad allí presente les da su tarjeta, por si necesitan de sus servicios. Los extranjeros la guardan, le dan las gracias y el hombre se aleja reverenciando su educación y su buen hacer.

Cinco horas antes, los mismos amigos empezábamos la jornada fiestera viendo el fútbol en un bar. Jornada de Copa del Rey. Mientras el Celta calentaba en Balaídos y se especulaba con la posible vuelta de Dembelé a los terrenos de juego, un rótulo afirmaba que la Unión Europea sube las expectativas económicas de España. La aplicación de un diario digital me lanza una notificación: “El Presidente del Gobierno afirma que el turismo ha roto su último récord y que la economía no para de crecer”. La cadena que retransmitirá el fútbol recuerda que su patrocinador es una casa de apuestas. La mitad del bar saca el móvil y hace caso del anuncio, alguien se hará rico esta noche.

“El Presidente del Gobierno afirma que el turismo ha roto su último récord y que la economía no para de crecer”

Los muchachos se fijan en dos mujeres que están en la barra, de repente el fútbol pasa a segundo plano. Los que tienen novia deciden quedarse en la mesa, el resto (dos) quieren hablar con ellas. Se levantan y se presentan, son dos mozos guapos, uno de mandíbula dura y voz de locutor; el otro fuerte y de sonrisa ágil. Uno de ellos: Hola, me llamo tal. Hola, yo cual. ¿Nos podemos sentar? La chica sonríe, sí. Disculpad que no os presentemos a nuestros amigos. Se ríen los cuatro. Una lleva una camiseta de la Universidad de Florencia. ¿Estuviste allí de Erasmus? Sí. ¡Qué casualidad! Tengo un amigo que también. ¡Anda! Yo de hecho estuve varios meses luego, buscándome un poco la vida -aclara la chica-. Ya ves, yo el domingo me voy a Liverpool a hacer lo propio. Sí, también estuve allí. ¡Madre mía, qué trotamundos! Vuelven a reírse. Sí, bueno, cuando terminé la carrera sólo encontré trabajo de dependienta. ¿Qué estudiaste? ADE. Ya… Yo soy ingeniero y no hay forma de hacer nada por aquí. Me salió un trabajo de camarero en un bar de copas, pero de lo mío, nada. Es lo que hay.

Vuelven a aparecer rótulos de información en las pantallas de televisión mientras el locutor habla de la aportación de Iago Aspas al ataque celtiña. Mariano Rajoy: “La única sombra que se cierne sobre nuestra economía es la inestabilidad en Cataluña”. El que va a emigrar mira lo que le queda de cerveza, cierra los ojos, niega con la cabeza y sonríe de medio lado. Brindemos: Porque, en realidad, todo va bien. Las dos chicas y el amigo le siguen. Porque no puede ir mejor, cierra una de las chicas.

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