-En verdad, te digo que al final vamos a ser lo que el narrador quiera que seamos, José Luis. No somos nadie, el narrador siempre gana la partida, incluso antes de que todo esto empiece -dijo el personaje con un criterio raquítico.

El narrador siempre gana

Era de esa clase de persona que llevaba un pantalón militar para ir por la calle. Le gustaba, incluso se sentía cómodo con aquel andrajo. Es de suponer que, en caso de entrar en guerra, iría a la trinchera con smoking, bermudas o vaya usted a saber. En cuanto al tal “José Luis”, no existe -¡Cómo que no existe! ¡Si lo tenía delante en la escena anterior! -exclama el personaje, de nuevo, con muy poquito criterio, pues jamás hubo escena anterior. -¡Tus muertos!- La voz del personaje se agarrota por momentos, apenas es capaz de pronunciar toda la frase.

No obstante, ¿Qué hace un personaje a esta hora del día, un domingo, en mitad de la M-30? -¡Pero si estaba en el bar! ¡Y era martes! ¡Y estaba en el bar de mi amigo José L…! -no termina la frase cuando un coche casi le atropella -¡Desgraciao!- Y otro coche. Y otro más, y tiene suerte porque todos le esquivan hasta que alguien a quien no puede ver decide parar su coche delante de él. Del coche sale un hombre montañoso, prácticamente un ser mitológico, que mira al personaje como si fuera a cazarlo. Así que el personaje parece querer gritar, pero no puede. Se está poniendo de un azulado insalubre. Nunca fue atractivo, ni siquiera cuando, recién pasada la adolescencia, a los muchachos se les realzan los aspectos. Ahora, con la lengua fuera (una lengua larga, como de perro, y de un color que parece morado), no está mucho mejor -¡Aaaah!-. El hombre que ha salido del coche le ha asestado un golpe seco. Definitivamente, ha tenido que dejar de hablar, se diría que para siempre.

“…uno de esos que forman la gente”

La Policía tuvo a bien investigar el caso del personaje. El Estado de Derecho y la legalidad es lo que tiene, como dijo el Juez, “las garantías, y tal”. Le hicieron la autopsia y no descubrieron nada extraño, salvo que tenía el corazón en el recto y que carecía de pulmones. “Más allá de eso, todo en su normalidad”, dijo el forense a los inspectores cuando llegaron. “Bueno, entonces todo bien”, dijo uno, “por cierto, lo primero es lo primero, ¿Cómo se llamaba?”  El forense sonrió de medio lado y pasó a hacer otras cosas de más importancia: “No sabemos -dijo yéndose, ya de espaldas-, nos han dicho que este de aquí era insustancial para la historia. Uno de esos que forman “la gente” de “la gente estaba bebiéndose algo en el Bar Paco”. O parte de “el público” en “el público coreaba el nombre del futbolista”. Nada, este, por no tener, no tenía ni nombre.

fin

¡Gracias por leer! Como ya vamos por la segunda semana del Reto Ray Bradbury, hay otro relato del domingo pasado, es una cosa sandunguera, ¡échale un ojo pinchando aquí!

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